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No juegues con pólvora



I

Hembra de filimiquichupisti y de una boquita de beso comprimido era por los años de 1679 Carmencita Domínguez. No la había más gallarda en Arequipa, que es tierra de buenas mozas.

Dicho se está con esto que tenía una lista de enamorados tan surtida y abundante como el escalafón; y agregaré, para honra de la muchacha, que era de las que prometen y no cumplen.

Entre los que bebían por ella los vientos estaba Pacorro, mancebo andaluz, que ostentaba más garbo que vergüenza y que no admitía maestro para cantar unas seguidillas al compás de una guitarra.

Lo menos que la dijo en una serenata fue:


«La hermosura de los cielos
cuando Dios la repartió,
no estarías tú muy lejos
cuando tanta te tocó».

A Carmencita no debió parecerle que el chico era para calabaceado de sopetón; porque cuando él la dijo que venía con buen fin y decidido a hacer las cosas como lo manda la Iglesia, ella le contestó que, aunque tantas letras hay en un sí como en un no, la manera de acertar era consultar la cosa con fray Tiburcio su confesor.

Este se echó a tomar lenguas y sacó en limpio que Pacorro era un tarambana, sin más bienes raíces que los pelos de la cara, holgazán por  añadidura y que traía al retortero a tres o cuatro prójimas; pues así apechugaba con el bizcocho como con el corbacho.

En consecuencia, díjole a la beatita:

-Hazle la cruz a ese mozo como al enemigo malo.

Y la obediente muchacha dio en huir el bulto al galán, hasta que él, atropellando todo respeto, la abordó un día al salir de misa mayor.

-¡Jinojo! Alto ahí, manojito de clavelinas, que por el alma de mi abuela que esté en gloria, hoy has de sacar ánima del purgatorio dándole a este majo un sí como Cristo nos enseña, ¡Jinojo! Yo no soy hombre que aguanta un feo de nadie, y a cualquiera le hago la mamola, y que me entren moscas, ¡Jinojo!

-Mira, Pacorrillo -le contestó tartamudeando la muchacha,- lo que es gustarme a mí... ¡vamos!... me gustas por lo desvergonzado como una empanada de yemas...

-Bendita sea tu boca, ¡Jinojo! -interrumpió el andaluz.

Carmencita, poniendo un hociquito compungido, continuó de corrido:

-Pero como no lo gustas a mi confesor, hijo, no hay nada de lo dicho. ¡Estas contestado y hasta nunca!

Y la muchacha apuró el paso y se metió en casita.

-¡Jinojo! ¡'I'ras que la niña era fea, se llamaba Timotea! Mire usted si es suerte perra la mía, ¡Jinojo!

Y prosiguió el andaluz desatándose en injurias contra las mujeres que en materia de amores no consultan su corazón, sino conciencia ajena, y puso como mantel de fonda a fray Tiburcio.

Verdad es que éste no gozaba en Arequipa fama de santidad. Era un fraile regalón y que traía revuelto el convento de San Francisco con sus pretensiones a la guardianía.

Y pues he hablado de San Francisco, aquí encajo, antes de proseguir con la tradición, lo que cuenta el pueblo sobre la imagen del santo patrón.

Remitieron de España con destino a las iglesias del Cuzco varios bustos o efigies de bienaventurados. Al llegar al valle de Vítor los arrieros que a lomo de mula conducían los cajones en que iban las imágenes, escapose una mula y fue a dar con la carga en la puerta del templo de San Francisco de Arequipa. Los frailes abrieron por curiosidad el cajón y quedaron maravillados al encontrar en él un San Francisco primorosamente tallado, y como carecían de la imagen del patrón, resolvieron quedarse con la que de una manera casi prodigiosa les venía a las manos. Reclamaron los cuzqueños y pelecharon tinterillos y abogados; pero los franciscanos de Arequipa dijeron gato el que posee, y no hubo forma de que entregasen la prenda a su legítimo dueño. Creo que los del Cuzco se cansaron al fin de gastar en papel sellado; y aunque hoy, al leer lo que dejo escrito,   quisieran remover la piscina, los arequipeños se acogerían a la prescripción y pleito concluido.


II

Muy de mañana iba fray Tiburcio a confesar una hermana en Cristo, cuando al llegar a la esquina de la Alcantarilla se encontró detenido por un compacto grupo de personas ocupadas en leer un cartel. 

Aunque con él, por su carácter sacerdotal, no iban ni venían los bandos de la autoridad, sin embargo, bueno era imponerse y salir de curiosidad. Calose los espejuelos y vio que aquello no era bando, sino un pasquín que, a la letra, así decía:


«El fraile que a guardanía
aspira de San Francisco,
es hijo de un berberisco
ahorcado en Andalucía.
Es más tragón que una arpía;
bebe al día tres botellas;
el vicio va tras sus huellas;
es más sucio que una tripa,
y se ocupa en Arequipa
en descomponer doncellas».

El reverendo no necesitó cavilar mucho para conocer de dónde venía el golpe. Así, volviéndose al grupo de curiosos que lo miraban con cierta sonrisa maligna, dijo con aparente humildad:

-Hermanos, hagan la caridad de despegar ese papel. ¡Sea todo por Dios! Estas son bufonerías de Pacorro.

El andaluz tenía tan sentada su fama de maldiciente, que al oír los del corro que el pasquín era hijo de tal padre, convinieron todos en que lo escrito no podía ser sino un fárrago de calumnias, y entre los que allí estaban, un mocetón, alto como un tambor mayor, se empinó sobre las puntas de los pies y despegó el papel.

Fray Tiburcio lo dobló cuidadosamente, y después de besarlo lo guardó en la manga, diciendo:

-¡Hermanitos!, pidan conmigo a Dios que tenga misericordia de ese pobre pecador que así injuria a los ministros del altar.

Y el franciscano continuó su camino, dejando al grupo maravillado de tanta y tan cristiana mansedumbre.

Fray Tiburcio, como se ve, sabía esconder las uñas. Él no habría podido decir como D. Gaspar de Villarroel, el sabio obispo de Arequipa que escribió Los dos cuchillos: «entreme fraile; pero la frailería no entró en mí».


III

Y pasaron meses y nadie volvió a acordarse de Pacorro, ni del pasquín, ni de fray Tiburcio. Verdad es que novedades muy serias traían preocupados a los arequipeños.

Los piratas Harris, Cook y Mackett, que habían sido compañeros del famoso filibustero Morgán, salieron de Jamaica en marzo de 1679 con nueve buques, y después de hacer en el mar valiosas presas, atacaron los puertos de Ilo y Arica, amenazando continuar sus correrías por la costa. Casi a la vez otros piratas, Bartolomé Charps y Juan Warlen, desembarcaron en Arica, y después de ocho horas de reñido combate, la muerte de Warlen dio la victoria a los peruanos.

Los vecinos ricos, que eran los llamados a perder más si los piratas se aventuraban a presentarse en la falda del Misti, reunieron una fuerte suma de dinero, destinada al equipo y manutención de cien hombres de guerra, armados de arcabuces. Ofrecieron ochenta duros de enganche, y Pacorro fue de los primeros que figuró en el rol.

Llegó el día en que, vistosamente uniformados, debían salir de Arequipa, camino de la costa, los bizarros defensores de la ciudad, ignorantes aún del descalabro que acababan de experimentar en Arica los piratas. Con tal motivo, el Cabildo y todo el vecindario quería despedirse en la plaza de los guapos que iban a habérselas tiesas con el inglés.

El Perú es el pueblo en que más consumo se ha hecho de pólvora desde que la inventara el fraile a quien tanta gloria se atribuye. No hay fiesta cívica, religiosa o doméstica sin cohetes y camaretas; y proverbial es la respuesta que a Carlos III diera un noble que estuvo en Indias, cuando el soberano le preguntó en qué se ocupaban los peruleros. «En repicar y quemar cohetes».

La verdad es que otro gallo le cantara al Perú si lo que hemos gastado en pólvora, después de la independencia, lo hubiéramos empleado en irrigar terrenos. Pero noto que voy metiéndome en el peligroso campo de la política, y hago punto, no sea que me eche a disparatar como la mayoría de los hombres públicos de mi tierra, que no pueden dar en bola cuando están con taco en mano.

Los improvisados matachines iban tan huecos, como si llevasen al rey en el cuerpo, en dirección a la plaza, descargando sus arcabuces, con gran contentamiento de la muchedumbre que los vitoreaba, estimulándolos así para comerse crudos a los ingleses como quien come roastbeaf.

Pacorro, que quería singularizarse produciendo mayor estruendo, echó   doble carga de pólvora a su arma, y al pasar por la esquina de la Alcantarilla (1) ¡pin! hizo su tiro.

Aquí cedo la palabra al cronista del Suelo de Arequipa convertido en cielo, porque hay cosas que yo no sé cómo contarlas.

«Reventó el cañón del arcabuz y le voló un brazo que, por el aire, dio el golpe en el mismo lugar en que fijó el libelo, donde por muchos días dejó rubricada con su sangre la ejemplar sentencia de su castigo».

Después de lo copiado, no me queda más que decir: «apaga y vámonos», añadiendo que esta tradición es muy popular en Arequipa.


Y no me digan que no:
así me la refirieron:
si los cronistas mintieron
no tengo la culpa yo.

Tradiciones Peruanas. Ricardo Palma
(1) Antigua Calle de San Francisco

El Mercado San Camilo


Durante la colonia muchas de las ordenes religiosas que llegaron, se asentaron en diversos puntos de la ciudad de Arequipa, una de ellas fue la Orden de los Camilos, orden hospitalaria dedicada a los enfermos que fuese precursora de la Cruz Roja.

Está orden fue fundada el 14 de agosto de 1582 en Roma, Su fundador fue San Camilo de Lelis (Bucchianico di Chieti, 25 de mayo de 1550-Roma, 14 de julio de 1614) sacerdote italiano quien  dedicó su vida a las armas, y después de su conversión a los enfermos. La fecha de celebración católica de este santo se da el 14 de julio.

Los Camilianos ó Padres Camilos es la Orden de Clérigos Regulares Ministros de los Enfermos, Clericorum Regolarium Ministrantium Infirmis o Congregación Ministros de los Enfermos y Mártires de la Caridad.

En el Santoral Católico (Calendario litúrgico Católico) se considera las fechas en que se celebran las festividades en honor a un santo o figura religiosa, en este caso a San Camilo de Lellis cuya fecha de fallecimiento es el 14 de julio de 1614.

En 1886, León XIII declaró a San Camilo, juntamente con San Juan de Dios, protectores de todos los enfermos y hospitales del mundo católico; patrono universal de los enfermos, de los hospitales y del personal hospitalicio.


LA IGLESIA DE SAN CAMILO 

Los Padres de la Buenamuerte, como se les denomina a los Religiosos Camilos del Perú, cumplen 300 años (1709-2009) recorriendo los hospitales ataviados con su emblemático hábito negro con su cruz roja en el pecho que brilla como signo de amor, servicio y ternura a los enfermos de escasos recursos económicos.

El primer camilo peruano fue el Doctor José de la Cuadra Sandoval, catedrático de San Marcos y su ejemplo atrajo a muchos otros. En 1853 los Camilos atendieron a los contagiados de fiebre amarilla; tres murieron victimas de la caridad. Así mismo varios Padres y Hermanos prestaron su servicio en la batalla de la Palma en 1855. En Arequipa, el P. Santiago Basarugen Eslava y el P. Camilo Ventura Oyereguí fallecieron como mártires de la caridad (1770 y 1774)[1].

San Camilo de Lellis

En Arequipa, los restos de la Iglesia aún se apreciaron cuando se realizaron excavaciones en la plazoleta del Mercado San Camilo, para edificar unas tiendas durante la alcaldía de Luis Cáceres Velásquez, se pudieron encontrar en el atrio -hoy plazoleta-, restos de huesos humanos, como evidencia de los enterramientos de la época en que funcionaba el Convento e Iglesia de los Padres de la Buena Muerte, La Orden de los Camilos[2]. (Antiguamente los enterramientos se hacían en las iglesias).

El templo de San Camilo tenía tres anchas naves con crucero y cuyos arcos sirven de base a una de las más suntuosas medio naranjas (cúpulas) que se conocen y pueden formar el arte. El Padre Blanco decía que por sus dimensiones hechura y solidez, es el primero en Arequipa y con dificultad habrá otro que lo iguale en la República, la fachada corresponde a la etapa del barroco popular a pesar del neoclasicismo innegable de este templo[3]. 


En está fotografía se aprecia la Iglesia del Convento de los Padres Camilos de la Buena Muerte, después del terremoto de 1868, totalmente destruido sin torre, la calle que se aprecia, hoy sería Perú, vemos las casas con techos a dos aguas recubiertos con paja y barro, al fondo los cerros de Tiabaya. 


Como dato adicional, aunque no existe evidencia que corrobore estos hechos, en cuanto  al templo de San Camilo,  el hermano menor de Mariano Melgar , José Fabio Melgar señaló que por deserción del arquitecto que construía el templo de San Camilo, en coordinación con el oficial de albañilería Lorenzo Domínguez , su hermano Mariano trazó líneas, dibujos , adornos y bajo su dirección se levantó la cúpula de esta estructura que se vino abajo  con el terremoto. (Mariano Melgar el Caudillo de los Libres – Luis Octavio Pareja). 



IMÁGENES PATRONALES DEL MERCADO SAN CAMILO


La historia del mercado y su nombre explican la naturaleza histórica de esta devoción: el recinto comercial fue construido sobre el terreno que había pertenecido a la antigua Iglesia del Convento de los Padres Agonizantes de San Camilo, uno de los edificios más altos que llegó a tener la ciudad, pero que acabó arrasado por el violento terremoto que sacudió todo el Sur del Perú en 1868. Es por esto, además, que la calle donde ahora se encuentra el mercado también conserva el viejo nombre de calle San Camilo, por la presencia que tuvieron estos religiosos allí, en la cuadra ubicada entre Piérola, Perú y Tristán. La devastación fue tal, que se decidió no reconstruir y los sacerdotes de la orden se retiraron de la cuadra, la que fue destinada al funcionamiento de un mercado para la ciudad que, hasta entonces, sólo se abastecía con pequeños tendales callejeros y una feria de abastos que funcionaba una o dos veces a la semana ocupando casi toda la Plaza de Armas desde tiempos coloniales, situación muy parecida a la que existió también en Santiago de Chile hasta la construcción del Mercado de Abastos (hoy Mercado Central) en los primeros años de la Independencia.

El Señor del Perdón fue incorporado inmediatamente al edificio del mercado, contando con un sitio propio y comenzando a ser sacado en procesión. Se le construyó un altar en el acceso principal, exactamente donde aún se encuentra. Los 14 primeros comerciantes miembros de la cofradía crearon oficialmente a este grupo en 1969, logrando el reconocimiento oficial por parte del arzobispado en 1993. Una placa metálica colocada por la misma Hermandad de la Sagrada Imagen del Señor del Perdón, en los muros atrás y al costado los altares del mercado, recuerda este magno acontecimiento.

La Procesión del Señor del Perdón del Mercado San Camilo sale tradicionalmente en cortejo en el Sábado de Pasión de la Semana Santa. En los inicios, en este paseo realizado por encapuchados ("cucuruchos") era acompañado por la figura de la Virgen de las Angustias, una hermosa representación mariana que se encuentra en un magnífico altar dorado de la Iglesia de San Francisco de la misma ciudad, ubicada en calle Melgar frente a San Francisco. Esta imagen muestra una María muy juvenil, vestida de blanco y capa roja, con un particular velo sobre su cabeza. Por alguna razón, sin embargo, la hermandad no pudo disponer de esta figura de la Virgen de las Angustias en posteriores procesiones y se decidió mandar a hacer una imagen propia. La tarea fue encargada al sacerdote y escultor local Víctor Paredes Polanco, quien se basó en la advocación de la María Santísima de la Amargura, la Consummatta. Esta figura, sin embargo, se conserva resguardada en un altar interior propio y no entre las tres figuras del acceso principal.

Junto a la imagen del Señor del Perdón, la segunda figura que destaca por su tamaño y también por su ostentosa decoración es la del propio San Camilo de Lelis que presta su nombre al mercado, colocada en un gran altar que forma una misma unidad con la figura del santo y su base, donde se observa inscrita la rúbrica de la Orden de Jesús. Esta figura es paseada por el mercado todos los 14 de julio, día consagrado al santo, ocasión en la que también se realiza en el recinto una ceremonia y un cortejo acompañado por los músicos de la hermandad. En el período alrededor de esta fiesta, la imagen es sacada de su vitrina y exhibida durante todos esos días sobre su altar de andas frente a su vitrina, regresando después a su encierro tras el vidrio.

Una tercera imagen de un santo que no pude identificar in situ se encuentra en el grupo de altares. Es pequeña y aunque consultamos a algunos devotos por su identidad, no recibimos información precisa. Sin embargo, la vitrina es de proporciones muy modestas y en nuestra impresión sólo destaca como alcancía, pues no vimos manifestaciones concretas de fe extendidas tan directamente a ella y, según supimos, tampoco es sacada en procesiones ni cortejos. Sólo después de la generosa ayuda de un miembro de la fraternidad arequipeña Cuadrilla 21 ex-Banco Sur, quien nos hizo notar la presencia de un pez y una llave metálicas acompañando la figura, pudimos comprender que se trata del Apóstol San Pedro, patrono de los pescadores, los carniceros, los panaderos y otros oficios ligados al hábitat de este histórico mercado.

Los altares del Mercado de Arequipa, además de ser un punto interesante para observar el ejercicio de la fe popular en esta hermosa ciudad peruana, sirven también para la reunión de fondos en sus alcancías, para las necesidades de la hermandad y del mismo mercado. Entre velas y flores que los fieles llevan hasta estas figuras y vitrinas, se solicitan las intervenciones divinas y se agradecen favores concedidos en éste, el mero mundo de los vivos. (https://urbatorium.blogspot.pe/2012/04/los-altares-patronales-del-mercado-de.html)




EL MERCADO 

Desde que se fundó la ciudad de Arequipa, esta no contaba con un gran centro de abastos, sino que, las compras de mercado se realizaban en las Pulperías (hoy semejante a una bodega) y los domingos en la Plaza Mayor, como se aprecia en la foto, donde se ve toldos de los puestos de ventas de los regatones (ambulantes) que expendían alimentos de primera necesidad, al fondo los portales de la municipalidad cuyos altos eran arcos cerrados con ventanas, que se utilizaban como oficinas de los escribanos (notarios de hoy), y sobre sale en lo alto La cúpula y torre de la Iglesia de la Compañía. [4].



Plaza Mayor funcionando como mercado para los damnificados después del terremoto de 1868


Algunos de las frases que se desprenden de cuando la Plaza Mayor servía de Mercado, son :  “Hacer la Plaza” , “ir a la Plaza” que corresponden a hacer las compras al mercado, mientras que  el apodo de “placera” corresponde a la vendedora que laboraba en dicha plaza.

La iglesia y claustros que ocupaban la orden de los padres camilos, no se pudo restaurar después del terremoto de 1868, y se tuvo que derrumbar todo para levantar en ese terreno el Mercado de abastos de la ciudad, que se mantiene a la actualidad con el nombre Mercado de San Camilo. [5].

Cabe resaltar que en el año de 1868 el Concejo Provincial de Arequipa emprendió una remodelación de la plaza, meses antes del terremoto y para tal efecto trasladaron el mercado de la ciudad a la plazoleta de Santo Domingo, hoy parque Duhamel. 


Así mismo después del terremoto de 1868 dejo en estado ruinoso el gran templo de San Camilo, les imposibilito reedificar la iglesia y años después en el mismo sitio donde se levantase el templo de San Camilo pasó a convertirse en mercado llevando el mismo nombre, de esta manera se alejó  el mercado que como dijimos anteriormente se encontraba en la plazuela de santo Domingo del Hospital de San Juan de Dios.

El Mercado de San Camilo se Inauguró el 6 de enero día de los Reyes Magos de 1881, siendo el principal gestor don Pedro Alejandrino del Solar, prefecto de Arequipa y siendo alcalde de la ciudad don Armando de la Fuente, en la convulsionada época de la guerra con chile siendo presidente de la república  el abogado arequipeño Francisco García Calderón.


El 12 de Junio de 1883, se terminaron las veredas de la plazoleta de San Camilo y comenzaron la construcción de los salones destinados para carne.

En 1895 ,el pueblo y las trabajadoras, trajeron piedras menudas a la plaza del mercado para seguir construyendo el mercado más grande del Sur.

Pedro Paulet Mostajo presentó un proyecto de la construcción de la  nueva recova, pero esta no  fue culminada por él . El proyecto de la recova de don Pedro Paulet lo podemos apreciar aquí.

Se presento otro proyecto de los ingenieros Arce y López Aliaga, el cual fue posteriormente aprobado.






Fotografías : Diario El Pueblo 1906, agradecimiento a Pablo Nicoli Segura.



Así reportaron los medios limeños este gran suceso en 1911. Revista Variedades.

Tras sesión del Concejo del 18 de febrero de 1910 se acordó la realización del proyecto de los ingenieros Julio Andrés Arce y Oscar López Aliaga, habiendo contado con la autorización y aprobación del Gobierno por Resolución del 18 de marzo del mismo año y previas formalidades de ley se celebró el respectivo contrato con la empresa representada por el  ilustre industrial arequipeño  Sr. Cayetano Arenas , el 7 de diciembre del mismo año .Fue el inspector de obras públicas  Gerardo Cornejo Iriarte quien sostuvo que la nueva construcción se hiciera en el total de la manzana, teniendo que expropiarse varias casas de la calle Piérola tras la exitosa gestión el mercado San Camilo fue construido en el total de la manzana y se puso la primera piedra el 8 de diciembre de 1910.







En 1933 en la gestión del alcalde Belisario Soto  se compraron los inmuebles que faltaban para la  ampliación del mercado.

Para 1934 existieron algunos problemas en la culminación del mercado, tras una interesante exposición del ingeniero Harth Terre se propuso dos proyectos para la terminación del mercado , uno de ellos empleando la parte antigua existente y otro demoliéndola  con un pequeño gasto adicional, se optó por la primera, cabe resaltar que ambas opciones en un inicio contemplaban el retiro del techo de fierro para sustituirlo por uno de cemento, cosa que no se llevó a cabo.

Diario El Deber  16  de marzo de 1934.


Fue recién hasta el 1ro de mayo de 1938 que las nuevas instalaciones del mercado se inauguraron, con gran algarabía y con la presencia de las principales autoridades y del alcalde Alberto Rey de Castro, el costo total del edificio inclusive el área del terreno fue de S/. 1’ 461, 040,21 de los cuales corresponden al antiguo edificio con su respectiva área S/. 561, 218,74 lo que de por si demuestra la importancia de la obra y debido a la confianza de las instituciones bancarias que vieron en el Concejo la forma severa y austera con que se manejaban sus rentas les fue factible financiar los empréstitos respectivos para la ejecución de la obra.

Diario El Deber 5 de mayo de 1938

El Mercado San Camilo fue por muchos años una elegante  y moderna obra de arquitectura, su estructura fue hecha con la tecnología  de época inclusive se pensó que la construcción del interior que sostiene el techo ligero, hecha completamente en fierro fue obra de Eiffel.






Tras los terremotos de 1958 y 1960 la hermosa fachada del mercado quedo muy deteriorada por lo cual se demolió por constituir un peligro, no fue hasta los años 80 que se reconstruyo en su totalidad  y se acorto su plaza y se construyeron sótano y  galerías comerciales,   quedando  solo el recuerdo de aquella magnífica obra  de comienzos del siglo XX. Su hermoso reloj se perdió también para la posteridad.



En 1987 el Mercado de San Camilo fue defendido por sus trabajadores al igual que en muchas oportunidades del abuso que quiso cometer el alcalde Cáceres Velásquez, al querer retirar el techo  del mercado quedándose a dormir para cuidar su centro de abastos y lograr a través del gobierno la Declaración de Monumento Histórico junto al teatro Municipal de Arequipa. Esto se logró en 1987 según R. M. N° 543-87 ED del 7 de agosto de 1987 artículo 6 de la Ley 24047.

El Mercado San Camilo fue sometido a una gran remodelación entre 2006 y 2008. El edificio ya no conserva mucho de su aspecto original, desgraciadamente.



EL 13 de junio de 2013 al conmemorarse un aniversario de la revolución de 1950 se colocó una placa conmemorativa en la puerta n° 5 que da hacia la calle Alto de La Luna, a todas las trabajadoras y trabajadores del Mercado que apoyaron a los estudiantes del glorioso colegio Independencia Americana.

Fotografía: Mercado San Camilo https://www.facebook.com/mercado.sancamilo.3


El Mercado San Camilo va camino a la modernización, pero sin perder su valor histórico. Luego de tres años de estudio de marketing, los trabajadores realizaron el 21 d e julio de 2016 el lanzamiento  de la marca "San Camilo" que lleva como símbolo el colibrí.Según sus versiones,  el ave andina que es propia de zonas como Arequipa, cada vez que busca alimentarse del néctar de las plantas retrocede para luego cumplir su objetivo. Con esa analogía se identificaron los comerciantes quienes ante la llegada de los supermercados . (Miguel Soriano ).


Aunque un 7 de agosto de 1987 se dio la resolución declarando como Monumento Histórico a las instalaciones del mercado San Camilo, recién en 2017 en la misma fecha se colocó la placa conmemorativa.


Fotografía : Diario El Pueblo

Fuentes:

  • http://edgarchalcop.blogspot.pe/:
  1. [1] http://74.125.47.132/search?q=cache:u0X7uh868XIJ:www.crp-conferperu.org/index2.php%3Foption%3Dcom_content%26do_pdf%3D1%26id%3D158+convento+san+camilo+arequipa&cd=10&hl=es&ct=clnk&gl=pe (http://edgarchalcop.blogspot.pe/)
  2.  [2] Muñoz V. Jhon Los Padres de la Buena Muerte: la Orden de los Camilos en Arequipa, Tesis Licenciado en Historia, Arequipa 1997 (http://edgarchalcop.blogspot.pe/)
  3. [3] Gutiérrez, Ramón, Evolución Histórica Urbana de Arequipa 1540-1990, Epígrafe 1992 p95 Tomado de la Biblioteca Félix Denegri Luna, Manuscrito del Diario de viaje del Padre Blanco, tomado del archivo de Historia del Ecuador (copia 1952) (http://edgarchalcop.blogspot.pe/)
  4. [4][5][6]
  • https://urbatorium.blogspot.pe/2012/04/los-altares-patronales-del-mercado-de.html
  • El Templo del Mercado San Camilo convertido en mercado. Julio Ernesto Revilla Melgar 1988.
  • Pablo Nicoli Segura, imágenes Diario el Pueblo
  • Diario El Deber
  • Revista Variedades y Mundial.
  • Alcaldes de Arequipa Republicana. Mario Rommel Arce