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La Carroza de la Inmaculada Concepción


La católica ciudad de Arequipa que se distinguió siempre por su piedad y religiosidad acendradas cifró una de sus preciadas glorias al rendir culto especial a la inmaculada concepción de María, por eso no sólo el ayuntamiento la nombró la patrona de está ciudad sino que hizo voto de defender su pureza virginal.

La fiesta de la Inmaculada Concepción es una festividad religiosa mundial, pero que presenta una interesante manera de celebración dentro del departamento de Arequipa, en específico en las zonas de Arequipa (ciudad), Chuquibamba y Cayma donde es llamada “Mamita Conchita” desde la aparición de la primera estatua allá por el siglo XVIII cuando fuera traída por un grupo de soldados españoles y dejada en el lugar a pedido de los habitantes de Chuquibamba. La fiesta es importante por el número de feligreses que congrega, así como también, por poder apreciar en ella la asimilación de una tradición occidental en un pueblo con influencias andinas.

Como toda fiesta de la Inmaculada Concepción, esta se celebra en el mes de Diciembre, en el día 8. Es la fiesta de la Virgen Inmaculada, cuya efigie se encuentra localizada en el Templo de San Francisco, donde se hallan un total de 2 estatuas de esta representación mariana.

La primera, que es la más antigua y data de 1912 , era la que anteriormente salía en procesión en su festividad, actualmente sus recorridos son menores, pero quien la observa puede apreciar en ella la belleza que ostenta y el servilismo y fidelidad de los franciscanos (santos y frailes) que se hallan inmortalizados a los pies de la Santa Madre en señal de devoción de la que fuera la patrona de su Orden y de la cual nos ocuparemos  más adelante.

La otra imagen de la Inmaculada Concepción que se encuentra en este Templo es conocida también como La Purísima y, en la actualidad, se localiza en el altar mayor del Templo de San Francisco.


El Monumento
Fuente: Artículo ; De Arte Cristiano , obra notable  (Ilustración Peruana). 1912


La Novena

Diario El Deber 29 de noviembre de 1912


La Bendición 

Los talentos más distinguidos hicieron cosa igual, tanto que los socios de número que componían la Academia Lauretana, para pertenecer a ella, debían como condición indispensable ser por notoriedad de buena vida y costumbres y jurar la defensa de la Religión Católica, Apostólica y romana , del Misterio de la Inmaculada Concepción de la Virgen. Año en pos de año se ha celebrado con pompa especial tan consolado misterio; pero sin pecar de exagerados fue en el año de 1912 que se realizó con gran ponderación. Gran algarabía y entusiasmo produjo a la población la presentación del monumento que inmortalizara a este misterio.

La bendición del monumento se produjo en la tarde del 7 de diciembre de 1912 en el templo de San Francisco, (víspera de la fiesta de la inmaculada Concepción),  con verdadera suntuosidad, la ceremonia de la bendición del artístico monumento dedicado a la Virgen Purísima, con el ceremonial litúrgico episcopal, que estuvo a cargo del Rmo. Diocesano , Monseñor Fray Mariano Holguín, que tuvo como presbítero asistente al Iltmo Chantre Monseñor Manuel N. Silva y como gremiales a los canónigos señores Dionisio Berrenechea y al Dr. Eliodoro R. Farfán. Fueron padrinos de la bendición el Excelentísimo presidente de la República señor Guillermo E. Billinghurst, representado por el prefecto del departamento señor Guzmán Luna Iglesias y la distinguida esposa de S. E. Señora Emilia R. de Billinghurst, representada por la señora Carmen Aguirre Polar.

Asistieron los miembros del V. Cabildo Eclesiástico, el Alcalde municipal señor J. E. Eduardo Harmsen, el general señor Pedro A. Diez Canseco, los círculos de la Inmaculada de señoras y caballeros, muchos otros señores, las comunidades religiosas y gran número de fieles , viéndose la nave principal en inusitado movimiento , como si se tratase de una verdadera romería.

A partir de 1912 se viene realizando el culto a la carroza de la inmaculada concepción en el Templo de San Francisco.

Monseñor Fray Mariano Holguín


Fuente: Diario el Deber 7 y 8 de diciembre de 1912.